• Por Bolivia’s Gentlemen / Fotografías: Gran Hotel Cochabamba
El Gran Hotel Cochabamba se consolida como un referente gastronómico bajo la dirección del artista culinario Miguel Ángel Figueroa, quien convierte cada plato en una obra viva donde el arte, la técnica y la identidad boliviana dialogan en armonía.
En el corazón de la Llajta, entre jardines centenarios y arquitectura de elegancia clásica, el restaurante del Gran Hotel Cochabamba se ha convertido en un espacio donde la gastronomía trasciende el gusto para convertirse en experiencia. Su director culinario, Miguel Ángel Figueroa Serrudo, ha logrado que la mesa sea una galería sensorial donde la belleza y el sabor se encuentran.
Identidad culinaria: el arte como lenguaje
La propuesta del chef Figueroa es una declaración de principios: una cocina de autor contemporánea con raíces bolivianas, donde cada ingrediente tiene un propósito y cada montaje cuenta una historia.
“Cocinar es un acto artístico y saludable”, afirma. Su filosofía se centra en la armonía entre arte, salud e identidad, generando una experiencia que sorprende por su creatividad sin perder el respeto por los sabores locales. En sus manos, los alimentos se convierten en materia viva, moldeada con la precisión de un escultor.
El chef y su sello personal
Nacido en Potosí, Figueroa combina su formación como chef y artista plástico, un binomio que define su visión. Se formó en instituciones de prestigio como el Lycée Hôtelier de Biarritz (Francia), la Escuela de Pastelería Paco Torreblanca y la Escola de Forners de Barcelona.
Su trayectoria incluye experiencia en restaurantes con tres estrellas Michelin entre ellos los de Martín Berasategui y Arzak, además de haber sido nombrado Embajador de la Gastronomía Francesa en Bolivia por el célebre Alain Ducasse.
Su sello personal es inconfundible: interpreta los alimentos como arte vivo, combinando color, textura y sabor en composiciones que despiertan los sentidos y provocan reflexión.
Una experiencia integral
El restaurante del Gran Hotel Cochabamba ofrece una experiencia que equilibra gastronomía, arte y hospitalidad.
Cada plato se presenta como una composición visual y emocional, acompañada de maridajes que exaltan sus matices. “Buscamos sorprender sin saturar explica el chef, generando bienestar, emoción y memoria.”
El ambiente, de elegancia clásica y atención minuciosa, convierte cada visita en un recorrido multisensorial donde la técnica y la hospitalidad se fusionan con naturalidad.
Sabores con identidad
Entre sus propuestas más destacadas se encuentran los menús de degustación temáticos, inspirados en la naturaleza, el arte y la memoria boliviana.
La carta ejecutiva celebra la creatividad y la salud con carnes maduradas, pastas frescas, pescados de río y una pastelería de autor influenciada por la escuela francesa.
Durante los fines de semana, los buffets de autor y los menús de temporada permiten descubrir una cocina en constante reinvención, donde el chocolate su material predilecto protagoniza tanto versiones dulces como saladas.
Cada evento del hotel lleva su firma: una curaduría de sabores y emociones que distingue cada celebración.
Innovación y sostenibilidad
Para Figueroa, innovar es una responsabilidad estética y ética. Su cocina integra técnicas de vanguardia, productos regionales y un profundo respeto por la naturaleza.
El chef impulsa el uso de insumos locales, promoviendo una cadena de valor que beneficie a productores y comunidades.
Su propuesta defiende la sostenibilidad desde lo tangible el manejo consciente de los recursos hasta lo conceptual: crear una gastronomía que emocione, eduque y perdure.
“Mi cocina es arte efímero: se disfruta, se admira y se recuerda. Esa es la huella que quiero dejar en quienes se sientan a mi mesa.”
— Miguel Ángel Figueroa Serrudo
El arte de la memoria
Miguel Ángel Figueroa representa una nueva generación de cocineros bolivianos que entienden la gastronomía como un puente entre tradición y futuro. En su cocina, la emoción es tan importante como la técnica; la estética, tan esencial como el sabor.
Desde el Gran Hotel Cochabamba, continúa demostrando que el arte también puede servirse en un plato, y que cuando se cocina con el alma, cada comida puede convertirse en una experiencia para recordar.










