• Por: Regina Ortiz / Fotografías: Bolivia’s Gentlemen y Cortesía BCS
En un escenario donde la identidad se construye también desde la gastronomía, el Bolivian Cocktail Singani (BCS) emerge como una plataforma que trasciende la coctelería para convertirse en una declaración cultural. Más que un evento, es un movimiento que busca posicionar al singani como símbolo vivo de Bolivia, dentro y fuera de sus fronteras.
La primera edición del Bolivian Cocktail Singani no solo marcó el inicio de una competencia, sino el punto de partida de una narrativa más amplia en torno al destilado emblemático del país. Para Marco Aliss, impulsor de esta iniciativa, la noche inaugural fue una confirmación de que el proyecto responde a una necesidad real dentro de la industria. “Fue fascinante ver el alcance que tuvo este evento desde el día uno; el apoyo de la prensa, medios de comunicación y personalidades del ámbito social paceño le han dado al BCS ese impulso que todo evento necesita para arrancar”, afirma.
Ese primer encuentro no solo validó la propuesta, sino que dejó una señal clara: existe un interés genuino por revalorizar el singani desde nuevas perspectivas. La motivación detrás del BCS nace precisamente de esa observación. Desde su experiencia como propietario de uno de los restaurantes más reconocidos de la ciudad, Aliss identificó el creciente interés de los visitantes por el destilado nacional y entendió la necesidad de articular esfuerzos con otros actores del sector. “Vi la necesidad de unir fuerzas con otros bares que también se esfuerzan día a día por sacar adelante a nuestro país”, señala.
El BCS se construye así sobre una lógica de colaboración. Más que una competencia aislada, se plantea como un espacio donde convergen bares, bartenders, productores y público. Esta visión se traduce en una propuesta que busca ampliar las formas de consumo del singani, mostrando su versatilidad. “Se puede disfrutar de diferentes maneras, ya sea puro, en el característico chuflay y también en un sinfín de combinaciones a través de los cócteles”, explica Aliss, destacando su capacidad para integrarse con sabores propios de la riqueza regional.
Con presencia en cuatro ciudades, el evento ha logrado una respuesta positiva del público, especialmente en La Paz y Cochabamba. Allí, la experiencia no se limita a la degustación, sino que incorpora actividades dirigidas a distintos actores de la cadena de valor: mixólogos, bartenders, propietarios de bares y estudiantes. Tours, workshops y conversatorios forman parte de una agenda que amplía el alcance del evento y lo convierte en una plataforma formativa.
Uno de los pilares del BCS es la participación activa del público. Lejos de un modelo tradicional, donde la evaluación queda en manos de expertos, aquí se reconoce el rol del consumidor como eje central. “Es muy importante la opinión del público; ellos son los verdaderos jueces”, sostiene Aliss, subrayando su aporte al crecimiento de la industria.
En paralelo, la competencia ha evidenciado una evolución significativa en la coctelería boliviana. La creación de este espacio ha impulsado a los profesionales a explorar nuevas posibilidades y a elevar su nivel técnico. “Hemos visto y probado creaciones increíbles, equilibradas”, afirma, destacando también la apertura de los bartenders locales para aprender y expandir sus conocimientos.
La presencia de bartenders internacionales refuerza esta dinámica. Más que una relación unidireccional, el intercambio se construye desde el diálogo. “Es un espacio de intercambio de ideas y conceptos”, explica Aliss, señalando que esta interacción permite tanto la incorporación de nuevas técnicas como la proyección del singani hacia otros mercados.
El componente académico del BCS a través de masterclasses y catas añade una dimensión adicional al evento. Estas actividades no solo enriquecen la experiencia, sino que integran a todos los participantes dentro de una cadena de valor más amplia. “Hace que todos formen parte activa y circular de la industria del singani”, afirma.
A medida que el evento avanza hacia su cierre, las expectativas se centran tanto en la competencia como en su impacto. La calidad de las propuestas ha elevado el nivel de exigencia, anticipando una final disputada. Sin embargo, más allá de los resultados, lo que se consolida es una idea: el BCS ha logrado construir algo significativo desde su primera edición.
La mirada hacia el futuro refuerza esa proyección. Para Aliss, el BCS no es únicamente un evento, sino un movimiento cultural gastronómico con una visión clara: posicionar el singani a nivel nacional e internacional. “Queremos que nuestros productores exporten, avancen y crezcan”, señala, destacando además el interés que ha despertado el destilado entre representantes diplomáticos, lo que abre nuevas posibilidades de expansión.
En este contexto, el Bolivian Cocktail Singani se perfila como una plataforma que articula tradición, innovación y proyección. No se trata únicamente de reinterpretar un destilado, sino de construir una narrativa que lo sitúe en el lugar que le corresponde dentro de la cultura y la industria global.
Porque cuando un producto trasciende su condición y se convierte en símbolo, deja de ser solo una bebida para transformarse en identidad. Y en esa evolución, el singani comienza a escribir una nueva historia.








