Por Regina Ortiz / fotografías: ROLAND GARROS
Bajo el cielo nublado de la Philippe-Chatrier y ante una multitud que ovacionó cada punto, Carlos Alcaraz escribió una nueva página dorada en su joven, pero brillante carrera. El español de 22 años conquistó su primer título en Roland Garros, venciendo en una final de alto voltaje al alemán Alexander Zverev por 6-3, 3-6, 7-5 y 6-4, coronándose campeón del Abierto de Francia 2025
Este título marca un hito tanto para el tenis español como para el legado que el propio Alcaraz está construyendo: con este trofeo, suma ya cuatro Grand Slams y se consolida como el número uno del mundo, liderando una nueva era del deporte blanco tras la retirada de leyendas como Nadal, Federer y Djokovic.
Uno de los mejores duelos de todos los tiempos
El español, firme rey de la tierra batida, levantó tres puntos de partido ante el No. 1 mundial Jannik Sinner, al que derrotó en un duelo gigantesco (4-6, 6-7(4), 6-4, 7-6(3), 7-6(2) en cinco horas y 28 minutos) para alzar su quinta copa de Grand Slam, extender un naciente legado en París y consolidarse como figura eterna del deporte, una gesta inenarrable con apenas 22 años. La sonrisa de murciano volvió a cautivar la capital francesa, donde la bandera española ondea con un vigor ampliamente conocido.
“Quiero darle las gracias por todo a mi equipo y mi familia”, dijo Alcaraz. “Tengo el privilegio de vivir grandes momentos con vosotros. He tenido la suerte de tener mucha gente que ha venido desde Murcia para apoyarme. Es increíble el apoyo que me habéis dado durante estas dos semanas. A toda la gente que no ha podido venir, pero está en casa, muchísimas gracias. Este trofeo también es vuestro”.
Un torneo de madurez, garra y talento
A lo largo del campeonato, Alcaraz demostró una versión más madura y estratégica de su juego. Dejó en el camino a nombres importantes como Casper Ruud en cuartos de final y al joven danés Holger Rune en semifinales, mostrando temple, agresividad y una forma física impecable en cada encuentro.
La final contra Zverev fue una batalla física y mental. El alemán, que buscaba su primer título grande, presionó con su servicio y potencia desde el fondo. Pero Alcaraz respondió con creatividad, variantes, dejadas precisas y un revés cruzado letal que desarmó al germano en momentos clave.
El punto que selló el título fue una muestra perfecta del estilo Alcaraz: defensa profunda, transición veloz y una volea ganadora en la red que levantó al público francés de sus asientos. “Este era mi sueño desde niño” Emocionado hasta las lágrimas, Carlos levantó el trofeo de los Mosqueteros y dedicó su triunfo a su familia, a su equipo y a Rafael Nadal, a quien considera su inspiración en tierra batida.
“Ganar Roland Garros era el sueño de mi infancia. Ver a Rafa triunfar aquí me motivó desde pequeño. Hoy estar en este lugar, levantar este trofeo… es algo que no puedo describir con palabras. Gracias a todos por creer en mí”, expresó el murciano durante la ceremonia de premiación.
Una nueva era dorada para el tenis español
Con este triunfo, Alcaraz se convierte en el noveno español en ganar Roland Garros, uniéndose a figuras históricas como Manolo Santana, Andrés Gimeno, Sergi Bruguera, Carlos Moyá y, por supuesto, Rafael Nadal, el indiscutido “Rey de la arcilla”.
Su título también confirma que el relevo generacional está completo. Alcaraz ya no es solo el joven promesa: es el presente dominante del tenis, con una versatilidad que le permite brillar tanto en tierra como en césped y pista dura.
La Court Philippe-Chatrier recibió a dos jugadores dispuestos a escribir una rivalidad histórica, de esas que marcan una época imborrable en el recuerdo.
Alcaraz y Sinner, encaramados a la cima del ATP Tour con una galopante precocidad, cruzaron golpes en el gran templo de la tierra batida, donde la leyenda se escribe forzando los límites del adversario. El choque más eléctrico del ATP Tour, trazado por primera vez en una final de Grand Slam, estuvo repleto de puntos extenuantes y golpes que levantaron de los asientos al graderío. El circuito creció desde el espectáculo, y aquel domingo multiplicó su resonancia con París como testigo.
Alcaraz había llegado a la final tras completar un torneo repleto de avisos, entregando mangas en cuatro de sus partidos junto al Bosque de Bolonia. La vitola de vigente campeón espoleó al español en el duelo más importante de todos, elevando el nivel en un escenario que no aceptaba ningún otro camino. Al otro lado de la red aguardaba el No. 1 mundial, un jugador completamente renacido en París, donde nadie había logrado arañarle una sola manga. La figura de Sinner, montado en una racha de 20 victorias en Grand Slam y capaz de frenar a Novak Djokovic con una frialdad absoluta en la semifinal, exigía un esfuerzo de constancia supremo. Y Carlos respondió al encargo.
La primera manga fue la bienvenida a una locura. Con un ritmo de pelota inmenso, los dos aspirantes se enzarzaron en un parcial para el espectáculo, un aviso de la batalla que estaba por venir. Sinner reaccionó a las primeras curvas con hechuras de campeón, remontando una rotura al español para confirmar el desafío hacia el trono. En un parcial marcado por el viento sobre la arcilla, Alcaraz necesitó atención médica en su ojo derecho con 5-4, justo antes de entregar el servicio y encontrarse con el partido inclinado.
En ese momento, el partido entró en un terreno límite. El italiano, que había caído en la final del ATP Masters 1000 de Roma ante el español días antes del torneo, afrontaba un momento de convencimiento. Tras desafiar al campeón en el tramo inicial del partido, el reto de las cinco mangas le colocaba ante una prueba de dureza. Jannik respondió con una manga inmensa, aceptando la pérdida de una rotura para asestar un duro golpe en el desempate.
La fortaleza mental de Alcaraz se encontró ante un muro. El español, acostumbrado a gestas imposibles, se postuló ante un reto nunca completado en su carrera: levantar dos mangas en un Grand Slam. Aunque Sinner arrebató el servicio al murciano en el primer juego del set, amenazando con la sentencia, Carlos se rehízo para mantenerse con vida en París. El vigente campeón volteó el marcador, aceptó no cerrar el set con su servicio y quebró al italiano para forzar la cuarta manga en un partido vibrante.
Si el choque había dibujado una ruleta de emociones, la cuarta manga aterrizó en el delirio. Sinner aceleró la pelota como nunca buscando el último arreón hacia la copa, y Alcaraz respondió con un corazón repleto de supervivencia. Con casi cuatro horas de esfuerzo en las piernas, el español levantó tres puntos de partido (3-5, 0/40) para ganarse una última vida en el desempate. Con un alma de campeón intacta, Alcaraz encontró el camino hacia la manga definitiva contra todos los elementos.
El triunfo de Alcaraz supuso la consecución de un hito agotador, con escaso precedente en los últimos años. El murciano se convirtió en el tercer jugador del Siglo XXI en proteger una copa de Roland Garros, siguiendo los pasos de su compatriota Nadal, máximo campeón histórico, y el brasileño Gustavo Kuerten, último rey sudamericano sobre la arcilla de París. Además, como muestra de su versatilidad, Alcaraz se unió a Björn Borg como único jugador de la Era Abierta capaz de revalidar coronas en Roland Garros y Wimbledon.