
EL ARTE DE APUNTAR ALTO: Miguel Alessandro Vargas, la puntería que hizo historia para Bolivia
Por Bolivia’s Gentlemen
En un deporte donde el silencio pesa tanto como la precisión, Miguel Alessandro Vargas Ocampo ha logrado lo que muchos considerarían inalcanzable: convertir una inspiración, en una historia de superación, temple y legado deportivo. Arquero de la especialidad compound, Vargas es hoy referente nacional en arquería y uno de los protagonistas que redefine el concepto de caballerosidad desde la disciplina y la resiliencia.
Todo comenzó con una imagen imborrable: los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992. Aquel instante en el que un arquero español encendió el pebetero con una flecha encendida marcó para siempre. “Me dije a mí mismo: debo aprender ese deporte”, recuerda. Y lo hizo. Con pasión, sin atajos.
Representar a Bolivia en una disciplina tan poco tradicional como el tiro con arco no ha sido una casualidad, sino una vocación. “Es uno de mis mayores logros como deportista. Muchos no sabían que este deporte existía en el país, y hoy somos parte del mapa competitivo latinoamericano”, afirma.
Su rutina es un testimonio de compromiso: preparar el equipo, revisar flechas, entrenar con más de 200 disparos diarios, combinarlo con sesiones de gimnasio, y regresar al campo. Es la vida del arquero de élite, donde cada gesto es una coreografía de disciplina y foco.
En 2023, su nombre se inscribió en la historia del deporte boliviano al conquistar la medalla de bronce en el Pan American Indoor Championships en Buenos Aires. Lo hizo junto a sus compañeros Luis Fernando Araujo y Joel Gonzales. “Casi no participo por estar enfermo, con fiebre y deshidratado... pero encontré fuerza en la amistad, en la meta. Cuando regresé a Bolivia, entendí la magnitud de esa medalla. Hicimos historia.”
Los desafíos técnicos y logísticos siguen siendo parte del camino. “Acceder a repuestos es complicado en Bolivia”, lamenta. Pero aún así, ha logrado mantenerse firme gracias a una mente entrenada. La clave está en el autocontrol: yoga, respiración, Thai Chi, musculación y pensamientos positivos. “La mente lo es todo. Si logras controlarla, el cuerpo sigue.”
La arquería, como buen espejo del caballero moderno, le ha enseñado valores como la disciplina y la constancia. “Este es un deporte antiguo. Tiene un lenguaje de elegancia y respeto que se mantiene vivo. Me llegó justo cuando salía de una enfermedad. Hoy me ha moldeado, y puedo transmitir eso a mis alumnos”.
Miguel también representó a Bolivia en los Juegos Suramericanos Cochabamba 2018, su primer roce con el alto nivel regional. “Ver a los mejores de Sudamérica disparar a mi lado fue revelador. Me ayudó a definir mi estilo y proyectarme más allá de mis límites.”
A mediano plazo, su mirada está puesta en torneos claves como el nacional de Arequipa y el icónico campeonato de Las Vegas. Pero su sueño está más lejos: Asia, donde la arquería es parte del alma cultural.
Crítico y honesto, Miguel no esconde que el deporte necesita más apoyo institucional. “Falta mucho respaldo. Pero a quienes quieran empezar, les digo: fijen un objetivo, dense el tiempo, ahorren para su propio equipo y únanse a un club. Lo más importante: diviértanse”.
En su vida, hay rituales. Desde el grito de guerra del club TASC antes de competir, hasta un acompañante especial: un pequeño peluche de pingüino que le trae suerte. “Me encantan los pingüinos. Siempre viajan conmigo”.
Si debiera resumir su estilo con una sola palabra, Miguel responde sin vacilar: “Cool”. Una palabra sencilla, pero poderosa. Porque su camino no solo está hecho de medallas y competiciones, sino de actitud, de temple y de un estilo de vida donde el silencio, la mirada y el disparo lo dicen todo.
Un verdadero gentleman de la arquería boliviana.