• Por: Regina Ortiz
En el corazón de muchas familias empresarias late una tensión no siempre visible: cómo transmitir no solo el patrimonio, sino también la disciplina, la visión y el compromiso que hicieron posible su construcción. Este dilema da origen a lo que especialistas llaman el “síndrome del heredero rico”, un fenómeno que hoy interpela a las élites bolivianas.
En Bolivia, las empresas familiares representan más del 70% de la economía formal, según estimaciones del sector privado. Son organizaciones que nacieron de la visión y sacrificio de fundadores que apostaron por rubros como la agroindustria, la construcción, el comercio o la farmacéutica, y que con el paso de las décadas han consolidado imperios que marcan la vida económica del país. Sin embargo, a medida que las segundas y terceras generaciones asumen el timón, aparece un desafío cada vez más estudiado a nivel global: la desconexión entre la riqueza heredada y la capacidad de sostenerla.
¿Qué es el síndrome del heredero rico?
Se trata de un conjunto de actitudes, percepciones y conductas que aparecen cuando los hijos o nietos de grandes empresarios crecen en un entorno de abundancia, sin vivir los sacrificios y dificultades que marcaron a sus predecesores.
En términos psicológicos, puede derivar en apatía, falta de propósito, baja tolerancia a la frustración y dependencia crónica de la riqueza familiar. En lo empresarial, se traduce en la dificultad de sostener o expandir un legado, con casos en que fortunas enteras se diluyen en apenas dos generaciones.
El adagio estadounidense “de la camisa de mangas a la camisa de mangas en tres generaciones” encuentra eco en nuestra región, donde no son pocas las historias de familias que construyeron emporios y luego los vieron fragmentarse ante disputas internas, falta de liderazgo o decisiones financieras erradas.
El espejo boliviano
En Bolivia, la figura del heredero rico no es ajena. Las últimas dos décadas han visto consolidarse grupos familiares con presencia en sectores estratégicos: desde los Gutiérrez con Farmacorp y Nexocorp, hasta los Roda en el agro y la industria alimentaria, o los Landívar con Landicorp, que abarca desde la automotriz hasta el retail.
Estos clanes enfrentan un dilema común: ¿cómo asegurar que la abundancia no erosione el sentido de esfuerzo en sus herederos? ¿Qué pasará cuando llegue el turno de jóvenes que, en muchos casos, han tenido acceso a educación de élite, viajes y comodidades, pero carecen de la experiencia de haber fundado desde cero?
Un empresario cochabambino lo resume así: “Nuestros hijos no saben lo que era hipotecar la casa para pagar la primera importación. Para ellos, el capital ya estaba ahí. Lo que está en juego ahora no es el dinero, sino la cultura de responsabilidad.”
Entre la presión y la oportunidad
El síndrome del heredero rico también tiene otra cara: la de la presión. Los descendientes de familias empresarias no solo reciben privilegios, sino también una carga simbólica enorme: deben estar a la altura de los fundadores, continuar la expansión y no “dejar caer” el apellido.
Algunos encuentran en esa expectativa un motor de superación, otros, en cambio, desarrollan ansiedad, parálisis ante la toma de decisiones o incluso rechazo abierto a continuar en la empresa familiar.
En ciudades como Santa Cruz o La Paz, no es raro que jóvenes con apellidos empresariales conocidos opten por caminos alternativos: desde proyectos artísticos hasta emprendimientos sociales o startups tecnológicas, buscando demostrar que son algo más que el reflejo de un legado.
Tecnología y nuevas dinámicas
El contexto actual agrega una capa inédita: la disrupción tecnológica. Mientras que la primera generación de empresarios bolivianos construyó su éxito en torno a cadenas de suministro tradicionales, expansión territorial y diversificación en rubros tangibles, los nuevos herederos enfrentan un escenario donde la digitalización, la inteligencia artificial y la sostenibilidad marcan la agenda.
El reto, entonces, no es solo sostener el negocio, sino reimaginarlo bajo parámetros que no existían antes. En ese sentido, el síndrome del heredero rico puede combatirse con formación específica: programas de sucesión, incorporación en juntas directivas desde edades tempranas y experiencias internacionales que conecten a los herederos con nuevas realidades.
Historias que inspiran
Algunas familias bolivianas han entendido este desafío y han encontrado formas de abordarlo. En el caso de Farmacorp, por ejemplo, la transición hacia Nexocorp muestra cómo una empresa tradicional puede reinventarse bajo una estructura corporativa más amplia, pensada para las próximas décadas. En el agro, grupos como los Roda han involucrado a nuevas generaciones en la gestión de proyectos sostenibles y diversificados, que trascienden los cultivos tradicionales.
No todos los herederos caen en el estereotipo del ocio y la desconexión. Muchos se convierten en líderes preparados, capaces de llevar el legado a nuevas alturas. La clave está en cómo se gestiona la herencia, tanto económica como cultural.
El futuro del apellido
Más allá del patrimonio, lo que está en juego es la permanencia del apellido como sinónimo de liderazgo, innovación y aporte al país. Si el capital se reduce únicamente a dinero, el riesgo de diluirse es alto; si se acompaña de valores, disciplina y visión de futuro, la riqueza puede trascender por generaciones.
En Bolivia, donde la brecha social y económica es amplia, el rol de las empresas familiares es aún más decisivo. No solo representan estabilidad y empleo, sino que también modelan aspiraciones. Los herederos, conscientes o no, se convierten en referentes para cientos de jóvenes que los ven como ejemplos de éxito.
El síndrome del heredero rico es, en ese sentido, una advertencia y una oportunidad: puede erosionar fortunas o impulsar transformaciones. La diferencia está en cómo se prepara a la nueva generación para entender que la verdadera riqueza no está en lo heredado, sino en lo que se
El adagio estadounidense “de la camisa de mangas a la camisa de mangas en tres generaciones” encuentra eco en nuestra región








