HUGO FRANCISQUINI: el arte de ser padre, actor y guía escénico

HUGO FRANCISQUINI: el arte de ser padre, actor y guía escénico

El destacado artista boliviano HUGO FRANCISQUINI cuenta con una impresionante trayectoria de 50 años de actividad artística ininterrumpida.

El destacado artista boliviano cuenta con una impresionante trayectoria de 50 años de actividad artística ininterrumpida. A lo largo de su versátil carrera, ha brillado como actor y director de teatro, ha interpretado papeles importantes en el cine nacional, además de desempeñarse como guionista y productor cinematográfico. Su compromiso con las artes también lo ha llevado a ejercer como director e instructor de teatro, así como a desempeñarse como gestor cultural. Su talento y dedicación han sido ampliamente reconocidos, acumulando más de 50 premios y galardones a nivel local y nacional.

Su amor por las artes escénicas comenzó en su infancia en Trinidad, Beni, y se consolidó con el tiempo hasta convertirse en su razón de vida. Sin embargo, más allá de los escenarios, uno de sus roles más importantes ha sido el de padre, transmitiendo su pasión a sus hijos y construyendo un legado que trasciende el teatro.

Una familia construida entre bambalinas

En plena temporada de un espectáculo de mimo, Francisquini tomó una decisión crucial: pedirle matrimonio a su pareja. “Nos casamos y, al año siguiente, llegó mi primer hijo. Durante el primer año de matrimonio, mientras ella estaba embarazada, actuó conmigo en dos obras de teatro”, cuenta con emoción. Su esposa dejó los escenarios para dedicarse a la maternidad, pero nunca se alejó del todo del teatro, ya que en la actualidad lo acompaña en su camino artístico.

Con el tiempo, sus hijos también encontraron maneras de conectarse con el arte. Su hijo mayor ha colaborado en el aspecto técnico, asistiendo en luces y sonido en varios proyectos, mientras que su hija ha actuado bajo su dirección en una obra teatral y ha trabajado junto a él en producciones audiovisuales de cine y publicidad. Incluso, en más de una ocasión, las reuniones familiares se han transformado en improvisadas sesiones creativas, donde las ideas fluyen entre guiones, luces y cámaras. “Hemos tenido una estrecha comunicación artística”, destaca Francisquini, orgulloso de haber compartido su pasión con su familia y de ver cómo el arte se ha convertido en un lazo que los une más allá del escenario.

La enseñanza: una extensión de la paternidad

Además de actor y director, Francisquini ha dedicado gran parte de su vida a la enseñanza, rol que asume con la misma responsabilidad que la paternidad. “El arte no solo se trata de técnica, sino de valores. El teatro es un trabajo en equipo, por lo que la solidaridad y la responsabilidad son fundamentales”, afirma. A lo largo de los años, ha compartido sus conocimientos en cursos y talleres para estudiantes de diferentes niveles educativos, con la convicción de que la formación teatral es esencial en el desarrollo humano.

Un legado que trasciende el tiempo

Con una carrera marcada por la pasión y la entrega, Francisquini mira hacia el futuro con un objetivo claro: documentar su experiencia para las nuevas generaciones. “Las clases impartidas son como una obra de teatro, intangibles y efímeras. Por eso, estoy empeñado en vaciar el disco duro de mi cabeza y plasmar mis conocimientos en textos de pedagogía teatral”, señala. Su deseo es que este material sirva a quienes buscan crecer en el mundo del teatro.

A los jóvenes que comienzan en este camino, les deja un consejo fundamental: “El teatro es una buena adicción, pero es muy exigente si te lo tomas en serio. Solo hay una receta para ser un artista de verdad: aprender a leer, leer y leer. Leer no solo libros, sino también el entorno, el contexto y la realidad. Y, sobre todo, nunca perder la capacidad de asombro”.

Así, Hugo Francisquini sigue construyendo su legado, no solo en el escenario, sino también en la vida de aquellos que lo rodean y en la familia que ha crecido junto a él entre luces, telones y emociones.