La danza de millones del carnaval se mantiene como principal generador de divisas en la ciudad del pagador

• Por Marcelo Campos / Fotografías Una Gran Nación

La festividad, reconocida por la UNESCO en 2001 como Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad, moviliza no solo devoción y tradición, sino también una amplia cadena productiva que articula hotelería, gastronomía, transporte, textiles, comercio y servicios turísticos. El impacto trasciende lo cultural: se convierte en un engranaje económico que dinamiza toda la ciudad.

Impacto económico y dinamismo regional

De acuerdo con Luis Ampuero, presidente de la Cámara Boliviana de Turismo, el evento generó alrededor de 90 millones de dólares, cifra superior a los 50 millones registrados la gestión pasada. El beneficio alcanzó desde la “caserita” con su tienda de barrio hasta grandes empresas de diversos rubros, reafirmando al carnaval como el principal motor económico de la región altiplánica.

Por su parte, José Peñaranda, gerente general de la Cámara Departamental de Industria de Oruro, elevó la estimación a 130 millones de dólares. Según explicó, cada turista nacional permaneció entre dos y cuatro días, con gastos diarios que oscilaron entre 50 y 150 dólares. En el caso de visitantes extranjeros, la estadía promedio fue de dos a tres jornadas, con consumos diarios de entre 150 y 300 dólares. Incluso algunos viajeros provenientes de Norteamérica y Europa alcanzaron gastos totales de entre 1.500 y 3.000 dólares durante su permanencia.

El flujo turístico fue igualmente significativo: se estima que cerca de 500 mil visitantes llegaron a Oruro durante la celebración, incluyendo viajeros internacionales y creadores de contenido que amplificaron la experiencia en plataformas digitales. Hoteles, restaurantes y operadores turísticos respondieron a la alta demanda con paquetes que integraron recorridos por la ruta folclórica, visitas a sitios históricos y degustaciones de la gastronomía local.

Fe, tradición y patrimonio cultural

El Carnaval de Oruro trasciende la dimensión festiva. Es una manifestación cultural que fusiona raíces indígenas con tradiciones religiosas coloniales, teniendo como eje central la devoción a la Virgen del Socavón.

La celebración alcanza su punto culminante el sábado previo al carnaval con la Gran Peregrinación al Santuario del Socavón, cuando más de 50 fraternidades folclóricas y miles de músicos recorren las calles en un despliegue de color, danza y fervor. Al día siguiente, la Entrada del Corso transforma a la ciudad en un escenario vibrante que expone la diversidad cultural boliviana ante el mundo.

Otras actividades en Oruro

Más allá de las cifras, la ciudad ofrece una experiencia integral que combina historia, identidad y naturaleza, consolidándose como un destino que puede disfrutarse durante todo el año.

Historia y espacios emblemáticos

El Santuario de la Virgen del Socavón constituye el corazón espiritual de la ciudad y el punto de llegada de la Gran Peregrinación. Fuera del periodo festivo, el templo continúa siendo una visita imprescindible para comprender la dimensión religiosa que sostiene la celebración.

El Museo Nacional de Antropología permite recorrer las culturas originarias del altiplano y las tradiciones que dieron forma al carnaval. Sus colecciones de máscaras, textiles y piezas arqueológicas ofrecen una aproximación profunda a la riqueza cultural de Bolivia.

La Plaza 10 de Febrero, rodeada de edificaciones históricas y cafés tradicionales, invita a descubrir la vida cotidiana orureña. Otro sitio emblemático es el Faro de Conchupata, donde se izó por primera vez la bandera boliviana en 1851. Desde allí se obtiene una vista panorámica privilegiada de la ciudad y sus alrededores.

Naturaleza y gastronomía altiplánica

Para quienes buscan paisajes imponentes, el Parque Nacional Sajama, ubicado a pocas horas de Oruro, se presenta como un destino imprescindible. Con el nevado Sajama la montaña más alta de Bolivia, aguas termales y bosques de queñua, el parque ofrece una experiencia de ecoturismo y aventura en el altiplano andino.

La gastronomía orureña es un reflejo de la identidad altiplánica: contundente, variada y profundamente vinculada a la historia minera y a la vida en altura. Entre sus platos más representativos destaca el rostro asado, preparado con cabeza de cordero al horno, considerado un símbolo culinario regional. También sobresale el charquekan, elaborado con carne deshidratada de llama o res, acompañado de mote, papas y queso.

El thimpu de cordero, el costillar orureño, la sopa y el api de quinua, junto al chorizo orureño y el ají de pata de res, completan una propuesta gastronómica de sabores intensos y tradición ancestral. La cocina local no solo alimenta: también cuenta la historia de un territorio que ha sabido transformar su herencia cultural en identidad y atractivo turístico.