• Por Regina Ortiz / Fotografías Casa Grande Hoteles
La propuesta de Casa Grande Hoteles celebra la temporada con una cocina que respira frescura, equilibrio y respeto por el origen. Bajo la dirección de Luis Fernando Ayala, Yerba Buena reafirma su lugar como uno de los espacios más sofisticados y honestos de la gastronomía hotelera en Bolivia.
En el corazón de Casa Grande Hoteles, Yerba Buena es mucho más que un restaurante: es una experiencia sensorial que conecta al comensal con la tierra, las estaciones y la esencia de la gastronomía boliviana. “La naturaleza marca los ritmos de nuestra cocina; nos adaptamos a cada temporada para hacer la cocina que sentimos, sin censuras, que nace en las huertas y en las granjas de nuestro país”, expresa Luis Fernando Ayala, director de Alimentos y Bebidas del hotel, quien lidera esta propuesta con pasión, coherencia y una visión profundamente sostenible.
La temporada Primavera–Verano 2025 llega vestida de frescura y color, celebrando los ingredientes locales en su máximo esplendor. Cada plato es un diálogo entre técnica y sensibilidad, entre lo que dicta la naturaleza y lo que el chef interpreta desde su trayectoria. Con más de 27 años de experiencia incluyendo un paso decisivo por el País Vasco, Luis Fernando ha construido una filosofía que combina rigor técnico, respeto por el producto y una búsqueda constante de evolución. “La técnica está al servicio del sabor y de la honestidad con el producto. Mi aprendizaje diario y la inspiración que encuentro en nuestro entorno me impulsan a seguir descubriendo nuevas formas de expresar nuestra identidad gastronómica”, afirma.
En Yerba Buena, la propuesta se define por su equilibrio entre sofisticación y naturalidad. Los productos llegan de huertas y proveedores locales cuidadosamente seleccionados; cada ingrediente conserva su pureza, su historia y su energía. La carta de temporada Primavera–Verano 2025 se traduce en una secuencia de preparaciones que capturan el alma del país:
• Bienvenida: un bocado de inspiración diaria que anuncia la frescura de la propuesta.
• Arvejas: crema aterciopelada con picatostes de pan artesanal, donde la textura se funde con la sutileza del dulzor natural.
• Alcachofas: corazones fritos con alioli de pimienta molle, kale crocante y salsa chipotle, un homenaje al contraste y la memoria gustativa.
• Trucha del Lago Titicaca: filete delicado en salsa de alcaparras, acompañado de flores crujientes de papa y coliflor asada, que evocan la altura y el paisaje andino.
• Ojo de bife argentino: marmolado, con jugo reducido, zanahorias tiernas y vinagreta de trufa, donde la técnica se funde con la elegancia del sabor.
• Frutillas: revoltijo con merengue y reducción de rosas, fresco y floral.
• Chocolate silvestre amazónico: reinterpretación de postres clásicos con ganache intenso y textura sedosa, un cierre profundo y evocador.
Cada experiencia en Yerba Buena es un recorrido emocional. Desde la atmósfera cálida hasta el servicio cercano, cada detalle está pensado para que el comensal perciba la dedicación detrás de cada preparación. La selección de vinos y maridajes refuerza ese relato culinario que no busca impresionar, sino emocionar. “Queremos que cada visita sea un momento único, un encuentro entre el sabor, la historia y la pasión que ponemos en nuestra cocina”, subraya Luis Fernando.
La sostenibilidad es parte inseparable de su filosofía. Trabajar con productores locales, aprovechar cada ingrediente y reducir los desperdicios no son estrategias, sino principios. La innovación en Yerba Buena no se mide por la extravagancia, sino por la coherencia. “Innovar es mirar la tradición con ojos nuevos; reinterpretar sin perder la esencia”, reflexiona el chef.
En un momento en que la gastronomía busca autenticidad y sentido, Yerba Buena se consolida como un referente de la alta cocina consciente en Bolivia. Un espacio donde la naturaleza dicta el ritmo, la técnica respeta el origen y cada plato se convierte en una historia servida con elegancia, emoción y verdad.










