MARÍA ELENA URQUIDI: la sensibilidad como forma de liderazgo

• Por: Bolivia’s Gentlemen / Fotografías: Redes oficiales

En tiempos donde la política suele mostrarse desde la confrontación y el ruido, María Elena Urquidi ha comenzado a construir una presencia distinta: serena, cercana y genuinamente humana.

Desde que asumió el rol de primera dama del Estado Plurinacional de Bolivia junto al presidente Rodrigo Paz Pereira, su imagen pública ha estado marcada menos por el protocolo y más por una idea sencilla, aunque poderosa: servir.

“No es un puesto, es un compromiso”, afirmó recientemente al referirse a la labor que hoy desempeña desde la Oficina de Gestión Social. Y quizás esa frase resume con precisión la manera en que ha decidido asumir uno de los espacios femeninos más simbólicos del poder en Bolivia.

Lejos de construir una figura distante, Urquidi ha optado por una presencia discreta, enfocada en el trabajo social, la atención a sectores vulnerables y el acompañamiento a mujeres, niños y familias. Su agenda pública ha estado vinculada a campañas solidarias, programas de apoyo comunitario y proyectos enfocados en educación, tecnología y protección social.

Pero detrás de la figura institucional también existe una mujer cuyo vínculo más íntimo con la maternidad define su manera de estar en el mundo.

Durante una de sus primeras entrevistas televisivas, recordó cómo sus hijos acompañaron activamente la campaña presidencial, participando en viajes, apoyando desde redes sociales y viviendo de cerca un proceso que transformaría la vida familiar. Incluso compartió un momento especialmente simbólico: la primera vez que su hija Catalina ejerció el voto coincidió con el proceso electoral que llevaría a su padre a la presidencia.

Esa dimensión íntima parece definir gran parte de su presencia pública. En cada aparición, María Elena Urquidi insiste en hablar de dignidad, cuidado y empatía como pilares fundamentales del trabajo social. No desde el asistencialismo inmediato, sino desde la construcción de oportunidades sostenibles para mujeres, niños y jóvenes.

Su visión también busca dar nuevo impulso a la Oficina de Gestión Social, reactivando su presencia institucional con equipos técnicos y proyectos de largo plazo. En ese proceso, ha impulsado el reordenamiento del despacho y la conformación de equipos capaces de sostener iniciativas con impacto real y medible.

Sin embargo, más allá de las funciones oficiales, lo que comienza a definir su perfil público es una forma distinta de ejercer liderazgo femenino: desde la escucha, la cercanía y la contención emocional.

En marzo, durante el Día Internacional de la Mujer, dirigió un mensaje a las mujeres del país en el que habló sobre fuerza, valentía y esperanza, reafirmando además su compromiso en la lucha contra toda forma de violencia hacia las mujeres.

“No están solas”, expresó entonces.

La frase conectó de inmediato. Porque en un país donde miles de mujeres sostienen hogares, comunidades y familias enteras desde el silencio cotidiano, el concepto de cuidado adquiere una dimensión genuinamente política y humana.

Quizás por eso, su figura parece conectar más desde la cercanía que desde la solemnidad.

Su presencia transmite serenidad.

Y en tiempos acelerados, esa capacidad de transmitir calma, empatía y humanidad también puede convertirse en una forma de liderazgo.

En esta edición especial dedicada al Día de la Madre, su historia representa a muchas mujeres bolivianas que equilibran familia, responsabilidad, vocación de servicio y fortaleza emocional todos los días.

Mujeres que, incluso desde distintos espacios y realidades, entienden que cuidar también es transformar.